8 septiembre, 2018

5 ideas para mejorar tu curso después de las vacaciones

Post vacaciones

Quiero empezar esta nueva etapa en mi blog con las 5 ideas que te propongo para que tu vida como profe en este curso sea mejor, lo haremos, además, aprovechando tus sensaciones de estos primeros días tras el regreso de vacaciones. Si aún no has vuelto de vacaciones, no importa, te servirá igual cuando regreses; si ya hace días que las has terminado, tampoco importa, porque estoy seguro de que recuerdas perfectamente las sensaciones que tuviste; si aún te falta mucho para las vacaciones, da igual, tarde o temprano las tendrás y algún día regresarás de ellas. Estas ideas que te propongo te van a servir mucho.

¿Qué clase de ideas te voy a proponer?

Ya te adelanto que cuando yo hablo de ideas estoy refiriéndome a cosas que tendrás que hacer. La clave no es pensar distinto, eso ayuda, pero la verdadera clave de los cambios que esperas que ocurran en tu vida está en hacer cosas distintas. Cosas concretas.

Hace unos diez años, tras una conversación con una persona que estaba realizando una asesoría en comunicación en el colegio que yo dirigía, decidí que había llegado el momento de dejar de ser un imbécil prepotente en el trato con las personas que estaban en mis equipos -Siempre estaré agradecido a María de los Ángeles Vargas porque se atrevió a decirme que la forma en que yo me relacionaba con las personas a las que dirigía le parecía algo repulsivo. Te aseguro que me despertó de un bofetón enorme.- Cuando me planteé cambiar eso, no era suficiente con decir “Vale, a partir de ahora he decidido no ser repulsivo.”, me di cuenta de que tenía que HACER cosas distintas a las que hasta entonces había hecho para entrenarme a cambiar. En aquellos días la señora de la limpieza que venía a casa me comunicó que no iba a volver por cuestiones personales y allí vi la oportunidad para mi entrenamiento. Yo, que dirigía un colegio con mil alumnos y más de 80 profes, me encontraba delante del plan de entrenamiento perfecto para conseguir dejar de ser un imbécil y llegar a valorar mucho el trabajo de los que formaban mis equipos. Desde entonces yo soy quien limpia mi casa, y es grande, te lo aseguro. Cada semana me entreno a no volver a ser el imbécil que fui limpiando los lavabos de casa, barriendo, fregando, limpiando cristales, sacando el polvo, dando brillo a la madera, cambiando sábanas y toallas y planchando. HACER eso me recuerda que tengo el riesgo de ser el imbécil repulsivo que hace años era y me mantiene muy alejado de serlo. Eso es a lo que me refiero cuando te digo que la clave está en hacer cosas.

Vamos a ver algunas que puedes hacer.

Las sensaciones que has tenido al regreso de vacaciones

¿Cuáles han sido las sensaciones que has tenido al regresar a tu rutina y a tu trabajo después de las vacaciones?

Las sensaciones son síntomas de algo que nos satisface o que nos desagrada; en el primer caso, son síntomas de algo que hay que potenciar conscientemente -las cosas positivas no ocurren solas, hay que hacer algo cada día para que ocurran-; en el segundo caso, son síntomas de algo que deberías atreverte a cambiar, por tanto, de algo que puedes proponerte como objetivo en tu vida.

Una vez las hayas fijado y las reconozcas claramente, vamos a hacer algo muy útil que es darle valor a lo positivo.

Si no eres capaz de ver lo positivo de una situación no perfecta, no verás lo positivo en las situaciones que sí son perfectas.

Primer ejercicio de tu entrenamiento: haz una lista de lo que tiene  de positivo regresar a tu vida laboral, a tu rutina, después de las vacaciones. Tómate tu tiempo y hazlo de manera exhaustiva. No te dejes nada de lo que de positivo tiene regresar después de vacaciones.

Segundo ejercicio de tu entrenamiento: ¿lo has pasado bien en vacaciones? Reflexiona sobre eso.

Si la respuesta es SÍ, ¡enhorabuena! Eso es que has acertado mucho con el planteamiento de tu desconexión. ¡Bravo! Recuerda que lo has hecho muy bien y ahora tienes muy buenas sensaciones con tus vacaciones, el año que viene o cuando vuelvas a tenerlas es interesante que repitas el patrón de lo que has hecho para repetir esta sensación que ahora tienes.

En estos primeros días he estado hablando con dos compañeros de trabajo y amigos, Sonia y David, me decían que este año sí habían acertado con sus vacaciones muy lejos de donde viven y donde trabajan. Habían ido a Nueva York y a Islandia. Desconexión total. Sus caras y su charla irradiaban absoluta felicidad y te aseguro que el indicador de sus baterías estaba cargado al máximo. Me decían, “el año que viene haremos lo mismo, desconectar lejos”. Ya tienen en mente un viaje a Canadá que tiene muy buena pinta.

Si la respuesta es NO, no te tortures, vamos a aprender. ¿Qué es lo que en las próximas vacaciones quieres cambiar? ¿Qué es lo que no quieres hacer? ¿Qué es lo que te gustaría hacer? ¿Con quién quieres hacerlo? ¿Cuánto cuesta hacerlo? ¿Con quién has de hablar y negociar? ¿Cuál es el primer paso que has de dar para que tus próximas vacaciones sean las que de verdad quieres?

Como ves, no se trata de no equivocarse, se trata de aprender y hacerlo distinto hasta conseguir aquello que queremos. Si te haces esas preguntas, es mucho más fácil de lo que crees.

¡Hora de revisar!

Cuando entras en la rutina corres el riesgo de no hacer esta reflexión. Muchas personas me dicen que el día a día los atrapa y que no encuentran las pausas necesarias para reflexionar sobre lo que hacen, lo que no querrían hacer y las cosas que han de hacer para cambiar eso. Ahora es siempre el mejor momento. Así que, antes de que se complique todo, antes de que te olvides de tus sensaciones, vamos a revisar.

De todas las obligaciones que ahora tienes, ¿cuáles son las que te generan más incomodidad o insatisfacción?

Tienes que ser lo más específico posible. No digas “el trabajo”, sino “la relación que tengo con el jefe de estudios”; no digas “los niños”, sino “ir a buscar a los niños al cole”; no digas “la casa”, sino “encargarme de la compra de la semana”. Cuanto más específico sea lo que consigas fijar, más fácil será convertirlo en un objetivo, formularlo como tal y luego hacerlo subir a la categoría de proyecto y así podremos definir una cadena de pasos que nos llevarán a conseguir cambiarlo por algo mejor.

¿Hay alguna de estas obligaciones que puedes delegar en alguien?

Delegar no significa “pasarle el marrón a otro”, significa conseguir que una tarea la haga la persona que mejor resultado obtendrá. Si delegas ganarás algo que tiene un valor incalculable: tiempo.  Pues bien, de todas esas obligaciones, cuáles puedes delegar. Hazlo aunque sean pequeñas cosas. Todo cuenta. Que tu hijo adolescente se encargue de la compra; que tu pareja se encargue de la cena dos días a la semana; que tus padres vayan a buscar a los niños al cole; que ese compañero de trabajo tuyo tan eficaz se encargue de algo que a ti te cuesta mucho…

¿Cuáles de las cosas que ocurrirán en este curso te hace mucha ilusión?

Tener en perspectiva algo ilusionante es siempre un motor de entusiasmo y motivación. Así que haz una lista de todas, por pequeñas que sean. No olvides aquí incluir tanto lo que es profesional como lo que es personal.

Para disfrutar al máximo de esas cosas que te hace ilusión vivir durante este año también te has de preparar. Si te hace ilusión correr una maratón en abril y no te preparas para hacerlo, no lo disfrutarás, al contrario, lo sufrirás.

Cuando yo era profe de teatro siempre les decía a mis alumnos que se aprendieran lo antes posible su papel porque así iban a disfrutar de cada ensayo. Esperar a disfrutar solo del día de la representación con público es perderse la posibilidad de disfrutar mucho y antes.

Si tienes presentes los momentos que te proporcionarán placer y satisfacción a lo largo de este período hasta las próximas vacaciones, los disfrutarás mucho más porque te prepararás para ellos y los vivirás mientras te preparas para recibirlos como se merecen.

¿Qué es lo que quieres añadir a tu vida?

Ahora tienes una idea clara de las cosas que hiciste en el período de trabajo anterior a las vacaciones que han terminado. Quiero que ahora hagas una reflexión sobre aquellas cosas que no hiciste el año pasado y que ahora quieres encontrar tiempo para hacer. Han de ser cosas que te den mucha satisfacción personal. Haz una lista de todas ellas. Si es muy larga elige las cinco (o las tres, da igual) a las que no quieres renunciar este año bajo ningún concepto.

Cosas como “ir al gimnasio dos veces por semana”, “ir al teatro una vez al mes”, “salir a la montaña cada dos fines de semana”, “aprender una lengua más”, “cocinar algo fantástico dos días por semana”, “hacer el amor el doble de veces”, “organizar una cena con amigos una vez al mes”, “ver todos los partidos de fútbol de mi equipo”… Lo que tú quieras.

¿Qué vas a hacer para darle a eso el tiempo que necesitas?

Sin tiempo, no lo harás. Sin darle importancia, no le darás tiempo -Así que anota eso que quieres en tu agenda, eso es darle la misma importancia que a lo demás.- ¿Qué es más importante que aquello que hará que estés de mejor humor y te proporcionará más satisfacción personal y por tanto una mayor autoestima? Pocas cosas vas a encontrar más importantes que eso, por tanto, dale la importancia que tiene en tu agenda y en tu escala de valores.

No te pongas a ti en el último lugar de tus prioridades.

De los problemas que tienes, ¿cuáles resolverías si tuvieras una varita mágica?

No tienes varita mágica ni yo tampoco. No existen los duendes esos de los deseos, así que no esperes encontrártelos. Una vez descartada esa opción de manera muy realista, lo que vamos a hacer es, una vez más, centrarnos en lo que sí puedes HACER.

Haz una lista, de nuevo. Ordena esos problemas por prioridad de manera que el primero de la lista sea el que más te preocupa.

Formúlalo como un objetivo y vamos a convertirlo en un proyecto.

No digas algo como “Dejar de tener problemas económicos”, ni “Ganar más dinero”; di, por ejemplo “Ganar 1000€ más cada mes”. Otro ejemplo sería que no digas “Dejar este trabajo”, ni “Cambiar de trabajo”, sino “Trabajar en tal empresa con esta función concreta”.

Cuanto más concretes lo que te propones conseguir o resolver, más fácil será encontrar los pasos que te llevarán a la solución, especialmente los primeros.

Plantéate las siguientes preguntas:

  • ¿Qué estás dispuesto a hacer para resolver el problema?
  • ¿Cuánto tiempo vas a destinar a encontrar la solución y a ponerla en práctica?
  • ¿Quién puede ayudarte a conseguirlo más fácilmente?
  • ¿Qué ganarás cuando lo tengas resuelto? ¿Vale la pena hacerlo?
  • ¿Cuál es el primer paso?
  • ¿Cuándo vas a darlo?

Una vez hayas dado el primer paso, ya te preocuparás de cuál es el segundo y de cuándo vas a darlo, pero te aseguro que si no das el primero, jamás llegará ese segundo, así que no te preocupes ahora por él.

¿Cuáles son tus puntos fuertes?

Muchas veces insisto en este aspecto. Para afrontar cambios, para HACER cosas que seguro supondrán salir de tu zona de confort, has de tener muy claro que tus puntos fuertes te ayudarán a conseguirlo, así que es imprescindible que los conozcas y te los digas muchas veces. Ya sé que no te han educado a eso, pero confía en mí y empieza a cambiarlo. Tus puntos fuertes son los que te sacarán de las situaciones difíciles.

Escríbelos en un post-it o en una hoja de tu agenda y míralos cada día hasta que los tengas integrados en tu ADN. Tú eres esos cinco puntos fuertes y cuando los utilices al máximo de su potencial te llevarán a donde quiera que vayas.

Hoy más que nunca te animo a hacerme llegar cualquier consulta que tengas, para mí será un placer colaborar contigo acompañándote a tus objetivos.

 

Jaume Josa, septiembre de 2018

laescuelacoach

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