13 mayo, 2016

No tengo tiempo: el clásico de las excusas

frustrated asian young man buries his head in the keyboard of a laptop computer.

¿Cuántas veces a la semana utilizas la excusa “no tengo tiempo”? ¿Cuántas veces la escuchas de tus colaboradores, clientes, familiares, alumnos, pareja, …? Ya te digo que es un clásico de las excusas. Si hubiera un ránking mundial estaría en el top 5, seguro. En alguno de mis vídeos o artículos anteriores y si buscas en Youtube en alguna conferencia, verás que yo soy antiexcusas a muerte. La razón es que pienso que no poner excusas es lo que marca la diferencia entre el éxito y el “ir tirando”. Para que te vaya bien has de hacer lo que hacen aquellos a los que les va bien y la característica principal de todos ellos es que jamás ponen excusas. Tampoco esa.

Aunque no la use, reconozco que es de las buenas, ya que como todo el mundo la usa, la toleramos muy bien y no nos sorprende ni nos incomoda que otros nos la suelten sin más. En el fondo creo que pensamos “mañana la usaré yo, así que…” Y nos la comemos con patatas. Pero eso no hace que deje de ser una excusa y eso nos debilita.

Todos tenemos 1440 minutos cada día como decía el anuncio de Mercedes de hace ya unos años. Nadie puede comprar ni uno más porque eso no se vende. Y aunque en uno de los libros de la serie de Harry Potter hay un personaje que utiliza un hechizo para estar en dos lugares a la vez y hacer más cosas que los demás, yo no he conseguido encontrarlo por ninguna parte. Lo que me he pregunté hace tiempo cuando me di cuenta que eso no se vendía es que, a pesar de ello, había muchas personas que hacían un montón de cosas en el mismo tiempo que a otras no le daba tiempo a hacer ni la mitad. Además, lo hacían sin estresarse y sin quedar mal ni consigo mismo ni con los demás. Cuando te das cuenta de eso ¿qué puedes hacer? Exacto: COPIAR. Y es lo que yo he hecho.

¿Qué es lo que he copiado?

Un método de organización personal. No me valía con proponerme dejar de poner esa excusa. Eso no es suficiente porque aunque tuviera mucha fuerza de voluntad en esos momentos tenía tan aceptado utilizarla que no me parecía nada mal hacerlo, incluso creía que me hacía quedar bien: las personas muy ocupadas tienen prestigio social. Vaya tontería. Tenía que encontrar un nuevo sistema de organización que me diera la posibilidad de hacer las cosas de distinta manera y además sin estresarme, ya que yo ya lo había pasado mal con eso.

A los 17 años y volviendo de vacaciones mi madre tuvo que acompañarme al médico de urgencias porque yo sentía que no tenía fuerzas para nada. Recuerdo que a pesar del enorme sentido del ridículo que tenía a esa edad, esperé a que abriera la consulta del médico estirado en el suelo de la acera de la calle Balmes en Barcelona. Mi madre pensaba que yo tenía, como poco, meningitis. Después de las pruebas el médico dijo que tenía estrés y advirtió a mis padres que no nos lo tomáramos a broma porque si con 17 años y ningún motivo ya tenía estrés, cuando tuviera 40 estaría o empastillado o muerto de un infarto.

Por tanto, para mí era una motivación extra organizarse muy bien sin excusas.

Además me gusta que mi autoestima esté lo más alta posible, no por cuestiones de ego personal, sino por algo mucho más práctico: para estar seguro de dos cosas; que aquello a lo que me comprometo con los demás y conmigo mismo lo voy a hacer y para estar seguro que los proyectos y objetivos personales y profesionales que me planteo los puedo conseguir. Ambas cosas son fundamentales para que mi vida tenga valor y sentido y me lo pase muy bien con lo que hago cada día.

Y así me encontré buscando y buscano con el método GTD® de David Allen. Y fue la solución a todo lo que yo quería conseguir a pesar de las dificultades que supone ponerlo en marcha plenamente. Para mí es el mejor método de organización personal que hay para dejar de ponerte a ti mismo la falsa excusa de que no tienes tiempo.

Yo también he quedado mal con otros comprometiéndome a hacer cosas que no quería hacer.

Yo también he empezado proyectos que he dejado a medias y eso me ha hecho sentir fatal y a minado mi autoestima.

Yo también he olvidado mi vida personal y a mi familia porque mi trabajo era lo más importante.

Yo también he pensado los lunes que empezaba una semana de mierda.

Yo también he deseado que llegaran las vacaciones cuando aún faltaban semanas para que llegaran.

Yo también me he pasado los últimos días de las vacaciones sin disfrutarlas y pensando que ya se estaban acabando.

Pero hace tanto de eso que casi ni me acuerdo.

Ahora me organizo cada día mejor; soy mucho más eficaz, es decir hago lo que tengo que hacer en menos tiempo; valoro a igual nivel de importancia lo personal y lo profesional; siempre tengo tiempo para cuidarme y hacer lo que más me gusta; cumplo siempre lo que me propongo y a lo que me comprometo; digo “no” a lo que no me interesa; y, en resumen, me lo paso muy bien cada día tanto si es domingo como si es martes, tanto si estoy en Menorca bañándome en julio en la playa de Binigaus como si estoy en octubre en un día lluvioso dando un curso en una empresa con mil problemas.

Yo estoy ahora en este presente gracias a mi método de organización. ¿Dónde estás tú?

 

Jaume Josa, mayo 2016.

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