22 noviembre, 2016

Cómo trabajar con personas que influyen negativamente en el grupo

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En estos días he estado dando un curso a una empresa de servicios en Barcelona y algunos de los participantes que tenían resposabilidad sobre equipos de trabajo me preguntaban cómo podían hacerlo para limitar la influencia negativa de algunas personas que consideraban tóxicas para el resto del grupo. Esta situación es muy habitual, por desgracia, en muchos equipos y especialmente en las escuelas. En este ámbito se produce con la misma frecuencia entre grupos de alumnos como entre grupos de profes. Así que vamos a ver ahora la forma de abordar esta circunstancia sin agotarnos y evitando que esa persona nos absorba toda nuestra energía y la del resto del grupo.

Una de las personas que asistió a este curso que te comentaba antes me explicaba que ya no sabía que hacer y que estaba a punto de decidir que “ya pasaba”, que le daba igual, que se rendía porque no había nada que hacer. Si eso ocurre, ellos ganan y tú y tu equipo perdéis. Tarde o temprano tú también pasarás a ser un zombi, te habrán mordido y te convertirás en lo mismo que esa persona ha decidido ser. ¡Mucho ojo!

Vamos con 10 ideas que te pueden ayudar a enfocar el problema. Si necesitas más información sobre cualquiera de ellas o ninguna te sirve, ponte en contacto conmigo dejando un comentario y seguro que lo responderé.

  1. No cambiarás a nadie. Eso lo has de tener clarísimo desde el primer momento. Nadie cambia porque otro quiera, cambia porque quiere y cuando quiere en función de lo que le va pasando. Así que, lo siento mucho, pero aquí no vendemos varitas mágicas tranformadoras de personas. No puedes cambiar a otra persona, no tienes ese poder. Eso ahora te puede parecer un problema y estás tentado de dejar de leer, lo sé; pero te libera de responsabilidad por ese lado. Solo controlarás lo que tú hagas, no lo que esa persona puede hacer.
  2. Tu actitud es tuya. Esa es la otra cara de la moneda, la buena. De la misma manera que al otro no lo puedes cambiar, tú sí que puedes decidir cambiar las veces que quieras y en el sentido que te dé la gana. Así que si hasta ahora no has conseguido resultados con esa persona, ahora puedes elegir varias opciones: primera, convertirte en otra versión de esa persona negativa; segunda, hacer algo distinto a lo que has hecho hasta ahora sin desfallecer ni un instante. Yo opto por la segunda. A mí me encanta la palabra todavía, y me gusta tanto porque abre un montón de posibilidades de hacerlo distinto. Muchas veces me digo “todavía no he encontrado la forma de tratar con esta persona” y ese “todavía” implica que tarde o temprano la encontraré.
  3. Analiza tus posibilidades. Empecemos por el principio. ¿Qué posibilidades tienes? Haz una lista, una especie de brainstorming de soluciones posibles, la escribes en una libreta y empiezas a ordenarlas con el criterio que quieras. Yo te aconsejo que lo hagas de más fácil a más difícil. Empiezas a sondear la más fácil y te planteas cuál sería el primer paso que darías en esa dirección y lo das. Las circunstancias se cambian HACIENDO cosas, no pensándolas. Prueba y si fallas, sigues con la segunda opción de tu lista hasta agotarlas todas. Si lideras un equipo, ese es tu trabajo. ¡Ah! Y tienes prohibido escuchar a tu yo interior vago y tan tóxico como el que pretendes reconvertir cuando te dice “esto no servirá de nada”. Esa actitud sí que es tóxica y esa, amigo, sí que está completamente bajo tu control.
  4. Delimita cuántas personas son. No me vale con “nadie”, “todos”, “muchos”, “pocos”, “unos cuantos”. Necesitas nombres y número exacto. Si utilizas esos términos indefinidos estás haciendo grande el problema y eso no te ayuda. Tienes un problema con un número exacto de personas de tu equipo, ¿cuántas y cuáles son? Necesitas saber eso porque si no lo sabes pronto verás que se añaden otros a ese grupo y entonces sí que tienes un problema, el virus de la toxicidad humana se está extendiendo mucho más que el virus del trabajo en equipo que tú deberías propagar.
  5. No hables del problema en reuniones con el resto del equipo. Si yo voy a una reunión y me encuentro con que se habla de lo mal que lo hacen otros, siento que no debería estar allí y eso me aleja de quien la convoca. Tienes claro que eso a ti no te interesa, por tanto cuida más al que está de tu parte y hace bien su trabajo que al otro y no hagas que sienta que pierde el tiempo. Suele ocurrir además que en estas reuniones se habla de manera indefinida aludiendo a las personas tóxicas que todo el mundo sabe quienes son pero nadie nombra. Eso a mí me parece una falta de respeto a los que no están en ese grupito. Para difundir el virus del trabajo en equipo y la colaboración que tú tienes inoculado en tu manera de hacer has de cuidar mucho y proteger a los que no lo tienen, jamás has de facilitar que el virus de la gente tóxica se expanda en el mismo ambiente en que están los que todavía no se han contagiado.
  6. No juegues a lo que esas personas juegan mejor. Si alguien grita y provoca, tú no grites ni provoques. Esas son sus armas, es un experto en manejarlas, si pretendes luchar tú con las mismas, perderás seguro. Las tuyas son otras, explótalas al máximo. Mira este vídeo de Pep Guardiola y comprenderás a lo que me refiero: potencia siempre las armas de tu equipo, no las de los contrarios, o perderás.
  7. Aísla y actúa. Busca reuniones individuales en las que te encuentres tú como líder, alguien de tu equipo y una de las personas tóxicas con las que vas a tratar. Solo una. Hablas tú, tu colaborador escucha y está como testigo. Mantienes la calma. Eliges una batería de preguntas, no de exigencias ni consejos, ni amonestaciones, ni nada parecido. Solo preguntas. Cada pregunta ha de actuar como una inyección intravenosa de dudas en esa persona. Si no las contesta, mejor. Eso significa que está trabajando en ello. No pierdas la calma ni exijas nada. En esta primera fase estás inoculando dudas para detener la infección. Programa reuniones periódicas para ver la evolución de cada caso. Déjate un tiempo para analizar y acaba tomando una decisión.
  8. ¿Qué sabe esa persona que no saben los demás? Esta es una opción que cuando trabajo como consultor en alguna empresa o con algún profe suele sorprender mucho. Yo siempre hablo del valor del rebelde porque considero que esa persona sabe algo que le provoca insatisfacción dentro de nuestro equipo y es el que se atreve a decirlo -a su manera, pero lo está diciendo-. Preguntar y averiguar la causa de su insatisfacción suele darnos muchas pistas sobre lo que nosotros como líderes del grupo podemos mejorar y eso hará que los demás también salgan beneficiados. Piensa siempre qué es lo que sabe el rebelde, antes de cortarle la cabeza.
  9. Que esas personas no te alejen del objetivo. Me he encontrado muchísimas veces que una persona tóxica en un equipo de trabajo o en una clase se llega a convertir en el eje de todo lo que pasa en ese grupo. Todo gira a su alrededor, el problema principal es él (o ella) y por tanto todo lo que el líder hace es teniendo en cuenta lo que esa persona puede hacer. Eso es un error grave. Nunca la excepción, el inconveniente, el problema individual, puede estar por encima de los objetivos del equipo. Si tú objetivo es que tus alumnos acaben el curso sin faltas de ortografía, céntrate es eso y piensa en eso mucho más tiempo que en que tienes un alumno en clase que va a tocarte las narices; si el objetivo de una empresa es dar una atención excelente a sus clientes debe olvidarse de dar demasiada atención  a la persona que no quiere darla porque se está desviando del objetivo principal.
  10. Elige el bando para el que trabajas. He puesto bando en cursiva expresmente para que te des cuenta de que trabajar mucho para el que te toca las narices es un contrasentido injusto con los que sí dan el máximo de su rendimiento y demuestran todo su compromiso. Si te centras en el problema, no estás buscando la solución y es muy probable que esta esté en cuidar muchísimo más al que jamás provoca conflictos, facilitándole la vida al máximo, regalándole tiempo, afecto, colaboración, palabras de reconocimiento… en lugar de obligarlo a asistir a reuniones, cursos, charlas e incluso broncas en las que lo que se va a tratar es de un problema que nada tiene que ver con él.

Resolver una situación de este tipo es parte de tu trabajo, no impliques a todo el grupo ya que eso provoca desánimo, aburrimiento, cansancio y expande el virus en lugar de confinarlo al espacio mínimo que puede ocupar. Eso sí que depende de ti y de tu actitud. HAZLO.

Jaume Josa, noviembre de 2016

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