15 diciembre, 2016

No te quejes, encuentra la mejor versión de ti mismo

One sharpened blue pencil among many ones

Cuando trabajo con personas que están insatisfechas de su trabajo o de su vida personal el discurso suele ser de queja hacia todos los que forman su entorno. Cuando eso lo hago con profes suelen quejarse de lo mismo, los jefes, los compañeros y los alumnos. Quejarnos no suele ser la solución a nada, suele ser una fuente de excusas y si me has ido siguiendo ya sabes que yo soy antiexcusas a muerte. Quejarse es solo para dar la pataleta y eso me parece infantil. Sí que, a veces, que alguien te escuche quejarte tiene algo de terapéutico, pero solo un ratito. Después de escuchar unos minutos vamos a ponernos a HACER algo para resolver la sensación que tenemos. Muchas personas piensan que no pueden hacer nada para cambiar a los demás y tienen toda la razón, no pueden. Entonces deciden quedarse en esa sensación. Encadenados a las quejas. Eso no sirve de nada. Vamos a ver cuál es la mejor opción que tienes para salir de una situación así.

Emilio Duró, un conferenciante que habla a empresarios y a profesionales de felicidad, dice en sus charlas que si quieres encontrar una novia que sea divertida, tú debes ser también divertido. Pues te digo lo mismo, si quieres tener en tus aulas a alumnos interesados, tú debes demostrar interés; si quieres que sean alegres, tú debes transmitir alegría; si quieres que demuestren interés, tú debes estar interesado; si quieres que trabajen muy bien en equipo, tú debes hacerles sentir que ellos son tu equipo…

En mi trabajo como coach me he encontrado con muchas personas que definen su trabajo ideal, su jefe ideal, su pareja ideal, sus amigos ideales o sus alumnos ideales, pero no se han parado a pensar en su yo ideal. ¿Cómo eres tú? ¿Responde eso a lo que les pides -o incluso exiges- de los demás? Plantéate lo que quieres de tus alumnos en cuanto a su actitud. Defínelo en una lista de cinco características. Las escribes una debajo de la otra y luego las ordenas con un número al lado de cada una según la prioridad o la importancia que le das. La número uno, la más importante; la número cinco, la menos importante de las importantes. Una vez lo hayas hecho pregúntate con absoluta sinceridad si tú tienes esas cinco características y las demuestras cada día en tus clases. No me vale si las demuestras justo cuando sales del aula y subes al coche, al tren, al metro o al autobús para “volver a tu vida”. Tu vida no va ni vuelve, es eso que está contigo respirando todo el día y lo es igual cuando trabajas que cuando no. ¿Tienes esas características que pides en tus alumnos? ¿Cuántas de esas tienes? ¿Y la más importante, la tienes? ¿Qué piensas hacer para conseguir las que te faltan? ¿Cómo piensas demostrar cada día que sí las tienes?

De nuevo las preguntas y su poder.

No te culpabilices, solo es una forma de ver la realidad delante de las narices y decidir si la encaras o no.

Hace tres años viajé a Valencia para hablar con un ejecutivo de una empresa multinacional que necesitaba un proceso de coaching para proyectarse profesionalmente hacia un nuevo destino.

Lo primero que hizo fue explicarme lo mal que estaba en la empresa en la que había estado desde hacía años con cargos de responsabilidad. Me explicó lo mal que lo trataba su jefe, que era nuevo, que era joven, que ya no lo consideraba alguien que mereciera responsabilidad y que lo había apartado porque estaba formando un equipo de gente de su edad con la que además de trabajar podía compartir paddle, salidas a tomar una copa, cenas en pareja. Mi cliente me dijo que él contra eso no podía competir, que ya tenía 55 años, que no le gustaba el paddle, que no iba de copas después del trabajo y que cuando cenaba con su mujer no quería estar también en el trabajo. Como él ya había decidido que no iba a competir, empezó a cambiar su actitud por la de alguien que quiere expresar que está a disgusto. Dejó de usar la corbata; dejó de poner buena cara en las reuniones y adoptaba una postura de “paso de todo”; dejó de ser puntual; dejó de sonreír; dejó de tener interés en los proyectos de los demás… Y decidió que iba a empezar un negocio nuevo relacionado con un país latinoamericano con el que tenía mucha relación profesional y en el que veía muchas oportunidades. Eso sí que le hacía ilusión, me dijo.

Empezamos a trabajar para ver si realmente ese era su objetivo con algo como lo que te he propuesto en las líneas de arriba. Yo le pedí que definiera el perfil de sus colaboradores en ese nuevo trabajo. Cuando lo había hecho, le pregunté si él mismo, el que todavía trabajaba en la empresa en la que estaba, cumplía el perfil que le exigía a los que iba a contratar. Recuerdo que se quedó en silencio. ¡Genial, estaba trabajando! La incomodidad de la respuesta que se iba formando en su mente se transmitía a cada gesto, sudaba esa incomodidad como si estuviéramos a 40 grados. Finalmente dijo “No. No cumple ninguna de las que yo pediría”.

“Bien” le dije “Como ahora te estás desentrenando de ti mismo, vamos a hacer una cosa: en paralelo a los primeros pasos de tu nuevo proyecto en América, vamos a recuperar al Jorge que siempre has sido y con el que sí te gustaría trabajar. Mañana cuando vayas a tu trabajo de siempre, olvídate de tu jefe y sé el Jorge que tú contratarías con los ojos cerrados. Solo como entrenamiento para ponerte en forma del que quieres ser en tu nuevo trabajo”. Y así lo hizo. Recuperó esa persona que llegaba y saludaba con una sonrisa, recuperó a ese compañero en quien siempre se podía confiar porque tenía más experiencia que ninguno, volvió a tener una actitud participativa en las reuniones, cada día se vestía como si él fuera el líder del equipo y no el que se siente apartado… y lo que ocurrió cuando él se recuperó a sí mismo fue “mágico” según sus propias palabras. Todos empezaron a escucharle porque tenía más experiencia que ninguno; sus compañeros le consultaban ideas para sus proyectos, le pedían su opinión y la seguían con mucho agradecimiento; hasta que un día su jefe lo llamó a su despacho para disculparse por la mala gestión que había hecho de su experiencia y su talento y le pidió que estuviera él en el liderazgo de un proyecto de la empresa justamente en ese país americano al que él quería ir.

Hoy, tres años después, Jorge sigue trabajando en esa misma empresa, no juega a paddle, ni sale de copas, ni cena en pareja con su jefe, y eso no le importa lo más mínimo; dirige los proyectos con América y sigue siendo considerado el ejecutivo con más experiencia al que todos quieren tener en cuenta. Simplemente, Jorge ha dejado de quejarse y ha hecho lo único que podía hacer, cambiar él mismo y recuperar su mejor versión.

Si tú empiezas a pedirte lo que pedirías al resto de los que forman tu equipo, te encuentras con tu mejor versión de ti mismo. Eso es algo muy bueno para los demás -recuerda lo que decíamos del liderazgo-, pero sobre todo es bueno para ti mismo. Mereces vivir con la mejor versión de ti mismo.

Jaume Josa, diciembre de 2016

laescuelacoach

Recursos para profes que buscan formación práctica, útil y divertida

Click Here to Leave a Comment Below

Leave a Reply: