30 octubre, 2012

¿Qué podría hacer el coaching por el mundo de la educación?

Boy with backpack escapes from the school

La verdad, no sé si las herramientas del coaching serían LA SOLUCIÓN al conjunto de problemas que hoy en día presenta el mundo educativo. De hecho nada es la panacea de algo tan complejo, pero lo que sí sé es que al menos tendríamos la oportunidad de enfocar los problemas de una forma distinta y eso ya es una OPORTUNIDAD DE SOLUCIÓN, que no es poco.

No hace mucho un profesor, muy implicado en buscar soluciones a sus problemas en lugar de adaptarse a vivir con ellos, me planteaba uno que tenía y me preguntaba qué podía hacer para resolverlo.

El tema era el siguiente: en un grupo de 3º de ESO (“Sí, la ESO, ya se sabe”) había un grupito de cuatro alumnos que le “reventaban” la clase, lo cual evidentemente perjudicaba a todos los demás y, por supuesto, a él mismo porque provocaba en él una tensión y una angustia que iban cada vez a peor, “Y estamos a principio de curso” me decía con verdadero temor a las consecuencias en que podía desembocar aquella situación.

Cuando planteó el problema a sus superiores -tutor, coordinador, jefe de estudios- le sugirieron que, tras la elaboración de un informe (“por supuesto todo debe quedar documentado”), había la opción de la expulsión temporal, si los hechos eran suficientemente graves, “eso o pasa de ellos”.

La pregunta es ¿va a ser la solución al problema cualquiera de las dos opciones? A ambos nos parecía evidente que no. El profesor ya temía el día del regreso de esos cuatro alumnos tras los días en casa. Los imaginaba entrar en el aula como héroes, como Steve Mc Queen saliendo de la celda de castigo en la película La gran evasión, dispuestos a reconquistar su papel de líderes, conscientes de que la primera de las bombas que les había caído apenas había dejado daño alguno. La otra opción, la de pasar, es sencillamente imposible. Supone la progresiva pérdida de “autoridad”, no de poder quizás, pero sí de autoridad, y perder eso sí que es grave porque lo pierdes poco a poco pero para siempre y no sólo ante los cuatro alumnos conflictivos, sino, lo que es mucho peor, ante los demás y ante ti mismo.

Ante este panorama qué podemos hacer.

Cambiemos la perspectiva: vamos a aprender a aprovechar el conflicto.

¿Qué nos están diciendo esos cuatro alumnos con su actitud?

Demasiadas veces a nivel de cualquier empresa u organización se desprecia el papel del rebelde. ¡Grave error! Cuando alguien no está a gusto en un lugar de trabajo –y un aula lo es también- muestra ese descontento de alguna forma, a través de la rebeldía y el conflicto o a través de la pasividad y el desinterés. Cuando eso ocurre podemos optar por pensar que es su problema, pero eso es un error porque nos impide aprovechar la oportunidad de mejorar a partir de la información que nos puede dar esa persona.

En el caso de un aula, de un grupo dentro de un colegio, puede ser que nos encontremos con que los alumnos más conflictivos son los que todavía el sistema no ha domado, no ha domesticado, y justamente ésos son los que pueden darnos más información sobre lo que falla.

Escuchar es siempre el primer paso para aprender. Los educadores lo piden –casi lo exigen a los alumnos-, pero en cambio no se lo plantean como una opción cuando hay un conflicto.

¿Qué conseguiremos escuchándoles?

Saber qué es lo que ocurre. Y eso es fundamental para encontrar una posible solución de verdad, no sólo un mal parche.

A lo mejor recibimos de ellos la información que los demás alumnos (los que creemos que son los buenos) no se atreven a darnos sobre lo que el profesor hace en clase sin conseguir conectar con ellos.

¿Qué actitud sería interesante que tuviéramos al escuchar?

Primero, ser conscientes que puede ser que se trate sólo de hablar para volver a hablar. Esperar grandes resultados de las primeras conversaciones de paz siempre ha sido un tanto inocente, así que probablemente haya que hablar más de una vez, pero la primera será fundamental porque sentará las bases de un nuevo proyecto que se basa en “yo te escucho, tú me escuchas”.

Segundo, si escuchamos lo que nos dicen de nuestra manera de trabajar debemos estar dispuestos a cambiar. Pongamos en común con el resto de la clase las sugerencias o críticas de los cuatro conflictivos y, a lo mejor, resulta que los demás también están de acuerdo, pero como están más domados, o creen que no conseguirán nada, ni intentan cambiarlo. Hagamos un esfuerzo de empatía y sentémonos en el lugar del alumno. ¿Tiene razón en sus críticas? ¿Si nosotros fuéramos alumnos de un curso así, pensaríamos lo mismo? Cuando cambias de silla la perspectiva cambia y el mundo se ve distinto. Quizás nosotros entonces seríamos el quinto elemento del grupo problemático.

¿Y cuál es el siguiente paso?

Agradecer y empezar los cambios. Establecer la hoja de ruta e implicarse en ese nuevo camino, haciendo partícipes a los ideólogos que son el grupo de los rebeldes que tanta ayuda puede darnos para mejorar.

¿Qué ha ocurrido en este proceso?

Que antes teníamos un profesor con un montón de problemas en ciernes y ahora tenemos un proyecto de  mejora de nuestra labor profesional.

1. Hemos restablecido el ORDEN en el grupo, porque hemos tomado la responsabilidad como líderes actuando no para excluir sino para integrar.

2. Hemos favorecido el EQUILIBRIO ENTRE EL DAR Y EL RECIBIR al escuchar a quienes les pedimos que nos escuchen y, además, al darles la oportunidad de pedirnos soluciones tendremos la oportunidad también de pedírselas a ellos.

3. Hemos reforzado su sentido de PERTENENCIA.

Se trata, pues, de aplicar los principios que el coaching sistémico recomienda tener en cuenta para conseguir organizaciones eficaces, acogedoras y productivas, en resumen sanas para todos.

¿Qué empresa podría permitirse despreciar la opinión de sus clientes sobre el servicio que reciben? ¡Ninguna! Entonces, ¿por qué sí puede permitírselo un colegio?

Jaume Josa. Octubre de 2011.

laescuelacoach

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