10 enero, 2017

Marca la diferencia: usa estrategias en lugar de intenciones

Estrategias en lugar de intencionesMuchas veces me encuentro cuando asesoro a profesionales de prácticamente cualquier sector que en el momento de plantearse sus objetivos y lo que han de hacer para conseguirlos las personas se plantean solamente intenciones, pero detrás de esas intenciones no hay ninguna estrategia concreta. He visto en documentos de objetivos de centros de enseñanza e incluso en planes de márqueting de empresas y mucho más en la formulación de objetivos de mis clientes cantidad enorme de buenas intenciones, pero muy pocas cosas concretas a hacer. Cuando eso ocurre, nuestra conciencia está muy tranquila ya que creemos que lo hemos hecho bien, pero no es así. Ni siquiera hemos dado el primer paso que es el de formular correctamente aquello que vamos a HACER. Nos hemos hecho trampa jugando al solitario. Hemos sido engañados por las buenas intenciones.

Vamos a ver hoy cómo podemos evitar las intenciones y centrarnos en las estrategias, que es lo que nos ayudará a avanzar. Ya verás que es muy fácil y no te costará nada detectar esas intenciones engañosamente tranquilizadoras y convertirlas en estrategias que sí te harán avanzar hacia tus proyectos o tus objetivos.

Lo primero que has de saber es que hay algunas palabras que tienen buena fama y nos dejan una sensación fantástica, pero que prácticamente no dicen nada y, por tanto, no servirán para nada si las queremos utilizar para dar un salto en forma de proyecto o de objetivo conseguido. La más habitual de todas es la palabra mejorar. No hace mucho tuve una reunión en la que participaron inspectores e inspectoras de enseñanza, encargados, entre otras cosas, de valorar y avalar los objetivos pedagógicos que se planteaban las escuelas de sus zonas. Les pregunté cuántas veces veían escrito en los planes anuales de los centros de enseñanza la palabra mejorar. Todos reconocieron que la encontraban constantemente. Entonces les pregunté cuál era su impresión cuando esta aparecía. Todos sin excepción dijeron que les dejaba muy tranquilos, que sentían que estaban en el buen camino y que les parecía bien que lo hubieran formulado así. Como última pregunta les dije que concretaran conmigo qué cosas a hacer habían quedado claras para conseguir ese objetivo que llevaba la palabra mejorar en su formulación y ninguno supo decirme nada en concreto. Ese es el efecto que tiene la palabra mejorar en una formulación de objetivos: nos deja satisfechos, contentos por el trabajo bien hecho, tranquiliza nuestra conciencia, pero no nos ayuda a concretar absolutamente nada. Es solo una intención. Loable, pero nada más.

Evita por tanto las palabras tipo mejorar aunque queden muy bien.

A estas alturas del año muchas personas se plantean intenciones en lugar de objetivos… “voy a ir al gimnasio”, “adelgazaré”, “mejoraré mi carácter”, “mejoraré mi economía”, “mejoraré mi relación de pareja”, “estudiaré mejor”, “comeré mejor”, “dejaré de fumar”, “haré una vida sana”, … Todas estas expresiones, todas absolutamente, son intenciones, nada más. Ni siquiera los puedes considerar objetivos. No son más que humo que te distrae de lo que harás, te deja tranquilo pero, como te decía antes, engañosamente tranquilo.

Vamos a ver qué pasa con algunas de estas afirmaciones bien intencionadas.

“Voy a ir al gimnasio” ¿Cuándo empiezas? ¿Cuántos días a la semana? ¿A qué hora? ¿Cuánto tiempo? ¿A hacer qué? ¿Para conseguir qué? Una vez ya  te has planteado las preguntas y las has contestado, entonces ya empiezas a tener pistas para formular tus estrategias. Si vas a ir al gimnasio para “ponerte en forma” estás igual que antes, porque el concepto “estar en forma” es muy distinto para alguien que quiere simplemente no soplar cuando sube tres tramos de escalera que para alguien que quiere participar en un triathlón. Concreta mucho más. “Voy a ir al gimnasio para adelgazar cinco kilos y llegar a correr diez quilómetros a partir de junio dos veces por semana” Ahora ya has concretado el objetivo. Vamos con las estrategias. Para conseguirlo “Empezaré corriendo diez minutos en la cinta y luego haré veinte minutos de bicicleta, durante tres semanas, dos veces por semana”. Esto es una estrategia clara y concreta. O la cumples o no la cumples, no hay vuelta de hoja. Si te pones excusas no la cumplirás, si quieres hacerlo, hazlo y punto final. ¿Te das cuenta de que es difícil hacerse trampa con una estrategia? En cambio con una intención ocurre todo lo contrario. “Voy a ir al gimnasio, pero hoy he ido y me he encontrado con Ana y resulta que al final hemos comido juntas en la cafetería” Literalmente has cumplido tu intención: al gimnasio has ido, pero sigues tan lejos de tu objetivo real como antes de llegar.

Lo mismo ocurre con el resto de formulaciones que tienes en la lista anterior. Vamos a ver otro ejemplo.

“Voy a mejorar mi relación de pareja”. ¿Para qué? ¿Qué parte de tu relación de pareja? ¿Qué en concreto vas a hacer? ¿A partir de cuándo lo harás? ¿Con qué frecuencia vas a hacerlo? ¿Qué tipo de relación de pareja quieres tener? ¿En qué consiste exactemente ese tipo de relación?

Si cambias “pareja” por “alumnos”, “compañeros de trabajo”, “mi jefe”, “mis padres”, etc. funcionan las mismas preguntas. Todas ellas te ayudarán a definir estrategias y a escapar de las intenciones.

Llegarás a formulaciones del tipo.

  • Voy a levantarme sonriendo cada día y diré un buenos días espectacular.
  • Copiaré lo que pueda de la relación que tienen tales personas.
  • Cuando llegue a casa dejaré el móvil y el ordenador y estaré pendiente de que me cuente lo que ha hecho.
  • Empezaré hoy mismo a dar besos que le digan “te quiero”.
  • Diré ” te quiero” una vez al día como mínimo.
  • Un fin de semana al mes haremos una salida los dos solos a un lugar distinto.
  • Un día a la semana cenaremos solos sin tele y lo prepararé yo para que sea especial o iremos a un restaurante.
  • No volvere a ponerme ese pijama horrible que no le gusta nada, hoy lo regalo.

Todo esto son estrategias. Como ves, se caracterizan por la concreción. Suelen tener implícitas acciones concretas y fechas en que hay que hacerlas. Pon en práctica esta formulación de tus objetivos basada en estrategias y verás como muy pronto llegas a tus objetivos sin hacerte trampa con las intenciones.

Empieza a detectar en los demás si formulan estrategias o intenciones y ve rodeándote de aquellos que utilicen las primeras. Entrena a tu entorno a utilizar estrategias en lugar de intenciones y verás como estás haciéndoles un muy buen regalo para su futuro. Si los que forman tus equipos de trabajo o personales se centran en sus estrategias serán personas que huirán de las excusas, serán mucho más eficaces, trabajarán con criterios más objetivos y se enfocarán de manera directa a sus proyectos con muchas más posibilidades de conseguirlos.

Jaume Josa, enero de 2017

 

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