18 octubre, 2016

Cómo empezar bien el día si eres profe o si no lo eres

Young man being awakened by an alarm clock in his bedroom. Happy wake up of a man lying on the bed and stopping alarm clock. Man snoozing the alarm clock.

¿Cómo te levantas? Eso condiciona tu bienestar, tenlo claro. Así que hoy lo que vamos a ver es la forma en qué puedes empezar tu día si eres profe, pero también si no lo eres. De todas las formas posibles yo te daré algunas sugerencias para que tú elijas aquellas cosas que puedes hacer y que te hacen sentir mejor y más cómo do en tus circunstancias personales. Sea lo que sea lo que hagas ha de tener un objetivo – como todo ya lo sabes de otros posts de este blog– y a mí me parece que el objetivo fundamental de lo que hagas solo levantarte ha de ser el de predisponerte a vivir un día apasionante. Sí, apasionante, que viene de pasión.

En estos días estoy preparando una conferencia que daré el jueves día 20 en la Universidad de Barcelona, que evidentemente me hace mucha ilusión, y dándole vueltas al tema que trato, que es aquello que podemos hacer los profes para influir positivamente en nuestros alumnos de manera natural, me he dado cuenta de que lo que realmente marca la diferencia es la pasión que le pones a lo que haces. Partiendo de que vamos a equivocarnos, a mí me parece que lo más importante va a ser la pasión que pongamos en el siguiente paso después de la equivocación y eso lo conseguimos predisponiéndonos mucho a apasionarnos. Empecemos a hacerlo desde el primer minuto consciente del día.

  • Pon el despertador diez minutos antes de la hora actual. Si vas a hacer algo distinto tendrás que tener tiempo para hacerlo. Estamos de acuerdo que tener prisa ya es empezar mal, ¿verdad?. Llegar corriendo o tarde es la peor manera de empezar el día, asi que vamos a hacer algo para evitarlo: diez minutos es un mundo si sabes administrarlo bien, y con eso bastará.
  • Lo primero que haces cuando vas al baño no hace falta que me lo digas, pero lo segundo qué es. Probablemente mirarte al espejo. ¿Qué cara hace el tipo (o la tipa) que tienes allí mirándote? ¿Tiene pinta de querer comerse el mundo o de que este le va a morder? ¿Pinta divertido vivir un día con esa persona o por el contrario ya te manda el mensaje de que los siguientes 1440 mintos van a ser una paliza insoportable? ¿La ves con  espíritu positivo o lo va a ver todo negativo?… Añade aquí todas las preguntas que se te ocurran, pero ten claro una cosa: el control sobre la respuesta lo tienes en tus manos, bueno, en tu cara. Sonríe. Sí, sonríe a la persona que hay en el espejo. A ver lo que pasa. Te sorprenderás. Ya que no puedes elegir lo que haces, elige siempre la actitud con la que lo haces.
  • Date una ducha o no, si ya lo has hecho por la noche; lávate; aféitate, si es el caso; péinate, si tienes pelo; maquíllate, si es tu costumbre. Pero antes te aconsejo que hagas algo de ejercicio. Eso pondrá en marcha las enforfinas y te preparará para el día que empieza. Si te animas a dar un paseo genial, si vas a correr unos quilómetros te felicito, pero no hace falta que para empezar te plantees nada de eso. Yo lo que hago son unas flexiones, algunos abdominales, estiro las piernas, flexiono las rodillas, me preparo físicamente, caliento como lo hace un deportista que no es de élite para un día que sí lo va a ser.
  • No empieces todavía, haz un breve ejercicio de relajación, si te animas te recomendaría una breve meditación, para dejar tu mente preparada de  la misma manera que has preparado tu cuerpo. Estírate en la cama y sé consciente de la respiración. Haz una serie de unas decenas de respiraciones abdominales y verás el efecto calmante, relajante y tranquilizador que tienen. Te garantizo que si consigues una rutina con eso tu percepción del día va a cambiar. Para eso te aconsejo que lo hagas durante 21 días seguidos. Ya sé que te costará, pero después de esas tres semanas ya lo habrás integrado en tu vida. No lo hagas cuando te despiertas, sino después de ir al baño o te dormirás de nuevo y si quieres puedes hacerlo sentado en una silla con la espalda recta, es muy sencillo y muy gratificante.
  • Vamos a vestirnos. Escucha bien lo que viene. No te pongas encima nada que no te quede perfecto. Jamás lo hagas. Toda esa ropa que no te queda de lujo, no solo bien, sino de lujo, regálala ya. Ahora, como tarde, mañana mismo. Solo debes llevar aquello que potencia al máximo tu bienestar y la ropa nos influye mucho como para no tenerlo en cuenta. Ya sé que puede parecer una tontería, pero no lo es, no en el siglo XXI. Mis alumnas de asesoría de imagen personal me lo recuerdan cada día.
  • Ya estamos a punto de empezar. Come algo. Algo que te guste, no lo primero que encuentres. Si es sano mucho mejor. Yo sigo el consejo que me dio un médico que visité hace años cuando tuve una piedra en el riñón. No te deseo que tengas la experiencia, es horrible. Cuando lo visité bajo los efectos de un calmante de caballo me preguntó “¿Quiere volver a experimentar ese dolor? ¿A que no? Pues bébase dos vasos de agua en ayunas cada día y problema resuelto, una buena ducha para sus riñones”. Y desde entonces, ya hace casi 25 años, siempre lo hago, no he fallado ningún día. Y tenía razón, jamás he vuelto a ese dolor. Salir de casa sin comer ni beber nada es poco recomendable ya que tu cerebro y tu cuerpo funcionan con el azúcar que les proporciona la comida. Si eres de los que dice “es que a mí no me entra nada” cambia a ser de los que sí les entra. Depende de ti. Si lo del agua  te suena difícil piensa si prefieres una ducha con café. Tus riñones piensan lo mismo.
  • No mires las noticias, ni tuiter, ni facebook ni nada de eso. Elige música o un programa de humor de los que hay en la radio, o uno de deportes, pero no empieces el día con el alud de malas noticias con el que nos solemos despertar. Aún no. No permitas que nadie te estropee el día, todavía.
  • Cuando digas buenos días a los que estén despiertos o cuando des un beso a alguien, que sea de verdad, de los que se recuerdan siempre. Que sea un deseo de bienestar para esa persona, no un simple formulismo. Que piense que ha tenido suerte de levantarse cerca de ti, de coindidir contigo a esas horas. Sea quien sea, tu pareja, tus hijos, tus padres, el del quiosco de prensa o el conductor del autobús.

Pruébalo. Todo es fácil y no cuesta dinero. Te hará cambiar la cara del que te mira en el espejo al día siguiente.

Pronto hablaremos de lo que puedes hacer antes de dormir… continuará.

Jaume Josa, octubre de 2016

laescuelacoach

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